Mientras esperas a que el forense examine el cadáver de Sir Crawford decides bajar a buscar al sargento Doyle, para comprobar cómo va el interrogatorio. Le pides a uno de los policías que hay en la casa que te acompañe hasta la cocina, cuyo tamaño es proporcional al del resto de la mansión. Todo está tan pulcramente ordenado y limpio que resulta difícil creer que cada día se preparen varias comidas al día. El sargento está al fondo, hablando con un tipo enorme con un poblado bigote. Deduces por su atuendo que se trata del jefe de cocinas, aunque te cuesta ver en él la delicadeza de un chef. Al llamarlo, el sargento se vuelve y se acerca con parsimonia:
- ¿Ha hablado ya con el mayordomo estirado, detective?
- Hemos intercambiado frases, sí. Sin embargo, no he conseguido sacar nada en claro de esa conversación.
- Una lástima. Yo, en cambio, he estado hablando con aquel corpulento caballero, que dice ser el encargado de las cocinas, sobre nuestra misteriosa arma homicida. Al parecer, ha echado un vistazo y dice que le falta un cuchillo de los grandes. Lleva un registro de todo el material de la cocina, y no sabe cómo ha podido perderse algo así a no ser que lo sustrajeran ayer mismo.
- Cuánta suspicacia percibo. De cualquier forma, es cuanto menos curioso que en una cocina tan ordenada falte un cuchillo y no se note su ausencia hasta el día siguiente. ¿Sabemos cuánto tiempo lleva trabajando para la familia Crawford?
- Según parece, lleva aquí bastante, del orden de unos quince años. Nunca ha tenido problemas con los dueños, y llevaban el pago al día. Nada que justifique la carnicería.
Te giras para mirar al cocinero y luego vuelves la vista hacia el sargento.
- ¿Nada? En ese caso, habrá que seguir investigando. ¿Ha hablado con otros miembros del servicio?
- Hace poco que se han marchado un par de doncellas, pero no saben nada. El servicio se retira a las once, y en la casa solo se quedan los dueños y el mayordomo. Supongo que quien decidiera matar al señor Crawford lo haría después de las once, cuando hay menos gente en la casa.
- El asesino lo planeó todo bien, entonces. ¿Sabe si ha llegado ya la esposa del difunto?
En ese momento oyes una potente voz femenina en el recibidor, pidiendo explicaciones a los agentes que están en la casa.
- Creo que si, inspector. Mejor que se dé prisa antes de que nos eche a todos a patadas.
Salís de la habitación y vais en busca de la viuda, que está de pie en el rellano de la escalera, discutiendo con uno de los policías.
- Señora, soy el sargento Doyle. Estamos aquí porque ha ocurrido algo terrible. Lamento comunicarle que su esposo ha sido asesinado.
La señora Crawford palidece y mira a su alrededor. Su mirada parece más de incredulidad que de espanto. Sin dejar de mirar a los agentes que montan guardia en el recibidor, dice casi murmurando:
- ¿Prefieren que pasemos al salón? Allí dispondremos de mayor privacidad...
Os conduce por el pasillo hasta el salón, una habitación algo más pequeña de lo que esperabas, en la que hay varios sillones, una chimenea y muchas estanterías repletas de libros.Señalando haca un sofá, dice:
- Por favor, siéntense, caballeros. Disculpen si he sido algo grosera antes, pero tantos agentes me han sobresaltado. Es algo tan espantoso… Oh, John, al final has acabado así… Todos te lo advertimos…
- Es espantoso, sin duda. ¿Podría decirnos qué es lo que le advirtieron a Sir Crawford y no quiso escuchar?
- Mi esposo era una persona muy trabajadora, y a veces la presión de su trabajo lo empujaba a… alejarse del decoro que requería su posición. Oh, Dios, mi pobre hermana me lo dijo, ella lo sabía… Sabía que sus vicios acabarían matándolo…
- Oh, ¿sus vicios?
- Si… No sé si podré contarlo… A veces bebía mucho, y no controlaba sus… sus instintos más básicos… Incluso con mujeres de baja extracción. Imagínese mi vergüenza. Pasaba todo el tiempo posible alejada de casa, para no ver en lo que se estaba convirtiendo… Y ahora que él está muerto, ¿qué será de mí?
- Qué terrible situación. ¿Tenía muchos enemigos, entonces? Sé que debe ser muy difícil para usted contar este tipo de cosas desconocidos, pero entienda que necesitamos saberlo para desempeñar nuestro trabajo.
- Sé que en más de una ocasión ha pretendido mujeres casadas, pero no imagino que nadie pudiera acercarse tanto a él como para… eso. Y lo de Magda lo atajamos a tiempo…
- ¿Qué ocurrió con Magda?
-Magda es la… la esposa de su socio, Sir Powers. Hace algún tiempo mi esposo y ella… superaron las barreras del pudor. Pero el asunto no llegó muy lejos, porque sir Powers se enteró. Casi terminan su relación profesional, pero continuaron juntos por el bien de la empresa. Pero sir Powers es un hombre comprensivo, y sabía lo que el trabajo le hacía a mi esposo… Fue muy amable al no hacer llegar el asunto a otras instancias. Le debíamos mucho. Aunque gran culpa de ello la tuvo su hermano, que el demonio se lo lleve.
- ¿Su marido y la esposa de su socio? Imagino que Sir Powers estaría muy enfadado. ¿Por qué dice que le debían mucho, en pasado? ¿Qué fue lo que hizo su hermano que tan disgustada la tiene?
- Sir Powers fue un gran apoyo para nuestra familia. Cuando el padre de mi esposo falleció, él se hizo cargo de los trámites para que la heredad de la empresa continuase. Él no habría cometido esa afrenta si el botarate de su hermano no le hubiera llevado por el mal camino… Era él quien organizaba sus “excursiones” a los barrios bajos e impulsaba a mi marido a hacer todo aquello… Mal rayo le parta…
- Por lo que dice, parece que Sir Powers y su esposo eran muy buenos amigos. ¿Tenían una mala relación los hermanos?
- En absoluto, mi esposo le consentía de todo, y yo nunca lo llegué a entender. Era rudo y maleducado, pero John sentía debilidad por él. Quizá por eso acabó contagiándole sus perversos vicios. Mi pobre esposo… Si me disculpan y no tienen más preguntas, me gustaría retirarme… Aún no puedo creer que haya pasado esto… Oh, John...
La señora Crawford sale de la sala. El sargento te mira, luego mira la puerta.
- Señor detective, parece que la señora no podrá decirnos nada más, al menos por el momento. Voy afuera a echar un pitillo, avíseme cuando haya decidido qué hacer.
Asientes con la cabeza y esperas a que el sargento se haya marchado para levantarte y salir en busca del forense. Subes a la primera planta y entras en la sala en la que está el cadáver.
El forense, un señor alto, delgado y bastante pálido, está junto a la mesa, observando cómo los agentes se llevan a Sir Crwaford.
- Saludos, Diez. ¿Ha averiguado algo sobre nuestro amigo?
- A excepción de que está muerto, querrá decir.
- ¿Está muerto? Vaya, yo que venía a celebrar su cumpleaños. Venga, hombre. Dame algo con lo que pueda trabajar.
- Veo que su humor mejora con los años, inspector. A falta de autopsia, puedo decir que a este hombre lo ha matado alguien que no ha usado un cuchillo en su vida. He contado veintitrés puñaladas, de las cuales sólo unas seis serían mortales. El resto son simples cortes profundos que no han tocado ningún órgano.
- El humor es lo único que me queda, viejo amigo. Bueno, esto me sirve para descartar a un sospechoso, así que se lo agradezco. Avíseme en cuanto sepa algo más.
Decides que ya has pasado suficiente tiempo en la escena del crimen y te diriges a la salida. Llamas a un taxi y le pides al sargento, que sigue fuera fumando, la dirección de Sir Powers. Tienes que contactar con él cuanto antes.
