lunes, 22 de junio de 2015

Muerte en la mansión Crawford (Parte II)

Mientras esperas a que el forense examine el cadáver de Sir Crawford decides bajar a buscar al sargento Doyle, para comprobar cómo va el interrogatorio. Le pides a uno de los policías que hay en la casa que te acompañe hasta la cocina, cuyo tamaño es proporcional al del resto de la mansión. Todo está tan pulcramente ordenado y limpio que resulta difícil creer que cada día se preparen varias comidas al día. El sargento está al fondo, hablando con un tipo enorme con un poblado bigote. Deduces por su atuendo que se trata del jefe de cocinas, aunque te cuesta ver en él la delicadeza de un chef. Al llamarlo, el sargento se vuelve y se acerca con parsimonia:
- ¿Ha hablado ya con el mayordomo estirado, detective?
- Hemos intercambiado frases, sí. Sin embargo, no he conseguido sacar nada en claro de esa conversación.
- Una lástima. Yo, en cambio, he estado hablando con aquel corpulento caballero, que dice ser el encargado de las cocinas, sobre nuestra misteriosa arma homicida. Al parecer, ha echado un vistazo y dice que le falta un cuchillo de los grandes. Lleva un registro de todo el material de la cocina, y no sabe cómo ha podido perderse algo así a no ser que lo sustrajeran ayer mismo.
- Cuánta suspicacia percibo. De cualquier forma, es cuanto menos curioso que en una cocina tan ordenada falte un cuchillo y no se note su ausencia hasta el día siguiente. ¿Sabemos cuánto tiempo lleva trabajando para la familia Crawford?
- Según parece, lleva aquí bastante, del orden de unos quince años. Nunca ha tenido problemas con los dueños, y llevaban el pago al día. Nada que justifique la carnicería.
Te giras para mirar al cocinero y luego vuelves la vista hacia el sargento.
- ¿Nada? En ese caso, habrá que seguir investigando. ¿Ha hablado con otros miembros del servicio?
- Hace poco que se han marchado un par de doncellas, pero no saben nada. El servicio se retira a las once, y en la casa solo se quedan los dueños y el mayordomo. Supongo que quien decidiera matar al señor Crawford lo haría después de las once, cuando hay menos gente en la casa.
- El asesino lo planeó todo bien, entonces. ¿Sabe si ha llegado ya la esposa del difunto?
En ese momento oyes una potente voz femenina en el recibidor, pidiendo explicaciones a los agentes que están en la casa.
- Creo que si, inspector. Mejor que se dé prisa antes de que nos eche a todos a patadas.
Salís de la habitación y vais en busca de la viuda, que está de pie en el rellano de la escalera, discutiendo con uno de los policías.
- Señora, soy el sargento Doyle. Estamos aquí porque ha ocurrido algo terrible. Lamento comunicarle que su esposo ha sido asesinado.
La señora Crawford palidece y mira a su alrededor. Su mirada parece más de incredulidad que de espanto. Sin dejar de mirar a los agentes que montan guardia en el recibidor, dice casi murmurando:
- ¿Prefieren que pasemos al salón? Allí dispondremos de mayor privacidad...
Os conduce por el pasillo hasta el salón, una habitación algo más pequeña de lo que esperabas, en la que hay varios sillones, una chimenea y muchas estanterías repletas de libros.Señalando haca un sofá, dice:
- Por favor, siéntense, caballeros. Disculpen si he sido algo grosera antes, pero tantos agentes me han sobresaltado. Es algo tan espantoso… Oh, John, al final has acabado así… Todos te lo advertimos…
- Es espantoso, sin duda. ¿Podría decirnos qué es lo que le advirtieron a Sir Crawford y no quiso escuchar?
- Mi esposo era una persona muy trabajadora, y a veces la presión de su trabajo lo empujaba a… alejarse del decoro que requería su posición. Oh, Dios, mi pobre hermana me lo dijo, ella lo sabía… Sabía que sus vicios acabarían matándolo…
- Oh, ¿sus vicios?
- Si… No sé si podré contarlo… A veces bebía mucho, y no controlaba sus… sus instintos más básicos… Incluso con mujeres de baja extracción. Imagínese mi vergüenza. Pasaba todo el tiempo posible alejada de casa, para no ver en lo que se estaba convirtiendo… Y ahora que él está muerto, ¿qué será de mí?
- Qué terrible situación. ¿Tenía muchos enemigos, entonces? Sé que debe ser muy difícil para usted contar este tipo de cosas desconocidos, pero entienda que necesitamos saberlo para desempeñar nuestro trabajo.
- Sé que en más de una ocasión ha pretendido mujeres casadas, pero no imagino que nadie pudiera acercarse tanto a él como para… eso. Y lo de Magda lo atajamos a tiempo…
- ¿Qué ocurrió con Magda?
-Magda es la… la esposa de su socio, Sir Powers. Hace algún tiempo mi esposo y ella… superaron las barreras del pudor. Pero el asunto no llegó muy lejos, porque sir Powers se enteró. Casi terminan su relación profesional, pero continuaron juntos por el bien de la empresa. Pero sir Powers es un hombre comprensivo, y sabía lo que el trabajo le hacía a mi esposo… Fue muy amable al no hacer llegar el asunto a otras instancias. Le debíamos mucho. Aunque gran culpa de ello la tuvo su hermano, que el demonio se lo lleve.
- ¿Su marido y la esposa de su socio? Imagino que Sir Powers estaría muy enfadado. ¿Por qué dice que le debían mucho, en pasado? ¿Qué fue lo que hizo su hermano que tan disgustada la tiene?
- Sir Powers fue un gran apoyo para nuestra familia. Cuando el padre de mi esposo falleció, él se hizo cargo de los trámites para que la heredad de la empresa continuase. Él no habría cometido esa afrenta si el botarate de su hermano no le hubiera llevado por el mal camino… Era él quien organizaba sus “excursiones” a los barrios bajos e impulsaba a mi marido a hacer todo aquello… Mal rayo le parta…
- Por lo que dice, parece que Sir Powers y su esposo eran muy buenos amigos. ¿Tenían una mala relación los hermanos?
- En absoluto, mi esposo le consentía de todo, y yo nunca lo llegué a entender. Era rudo y maleducado, pero John sentía debilidad por él. Quizá por eso acabó contagiándole sus perversos vicios. Mi pobre esposo… Si me disculpan y no tienen más preguntas, me gustaría retirarme… Aún no puedo creer que haya pasado esto… Oh, John...
La señora Crawford sale de la sala. El sargento te mira, luego mira la puerta.
- Señor detective, parece que la señora no podrá decirnos nada más, al menos por el momento. Voy afuera a echar un pitillo, avíseme cuando haya decidido qué hacer.
Asientes con la cabeza y esperas a que el sargento se haya marchado para levantarte y salir en busca del forense. Subes a la primera planta y entras en la sala en la que está el cadáver.
El forense, un señor alto, delgado y bastante pálido, está junto a la mesa, observando cómo los agentes se llevan a Sir Crwaford.
- Saludos, Diez. ¿Ha averiguado algo sobre nuestro amigo?
- A excepción de que está muerto, querrá decir.
- ¿Está muerto? Vaya, yo que venía a celebrar su cumpleaños. Venga, hombre. Dame algo con lo que pueda trabajar.
- Veo que su humor mejora con los años, inspector. A falta de autopsia, puedo decir que a este hombre lo ha matado alguien que no ha usado un cuchillo en su vida. He contado veintitrés puñaladas, de las cuales sólo unas seis serían mortales. El resto son simples cortes profundos que no han tocado ningún órgano.
- El humor es lo único que me queda, viejo amigo. Bueno, esto me sirve para descartar a un sospechoso, así que se lo agradezco. Avíseme en cuanto sepa algo más.

Decides que ya has pasado suficiente tiempo en la escena del crimen y te diriges a la salida. Llamas a un taxi y le pides al sargento, que sigue fuera fumando, la dirección de Sir Powers. Tienes que contactar con él cuanto antes.

domingo, 14 de junio de 2015

Muerte en la mansión Crawford (Parte I)

Llegas a la lujosa casa desde la que te han llamado porque requieren tus servicios. Más que una casa, se trata de una mansión que empieza en una verja negra, que es donde te deja el taxi. Desde allí tienes que caminar un buen trecho hasta la puerta, y recorres todo el camino pensando en la misteriosa llamada que te ha llevado hasta ahí. Es la primera vez que te enfrentas a un caso sin saber de antemano los detalles del suceso, pero parecía tan urgente que aceptaste sin pensarlo. Te sitúas frente a la puerta y llamas con decisión. Poco después, un hombre de avanzada edad abre la puerta con leve desconfianza. Supones por su indumentaria que se trata del mayordomo. Cuando habla, lo hace con un fuerte acento indio:
- Buenas tardes, ¿es usted el detective al que esperan?
- En efecto.
- Acompáñeme arriba.
Sigues al mayordomo a través del recibidor, observando el exagerado recubrimiento de las paredes. Cuadros, tapices, incluso trofeos de caza. Te resulta imposible fijar la vista en una sola cosa de entre todas las que ves a tu alrededor. Subís las escaleras y giráis a la derecha hacia una puerta cerrada que el mayordomo abre para ti. Cuando cruzas el umbral ves un enorme despacho tan lujoso como el resto de la casa. En las paredes hay decenas de fotos de un hombre con personas que parecen importantes o, al menos, igual de importantes que él. En el centro, delante de una gran cristalera, una enorme mesa de madera noble atestada de papeles desordenados. Y ante ella se encuentra lo que parece el motivo de tu visita: el mismo hombre que sale en las fotos, tendido boca arriba en medio de un gran charco de sangre, con múltiples puñaladas en el pecho. A su lado, el sargento Doyle observa el cuerpo con actitud pensativa. Al verte, se levanta con parsimonia y va a tu encuentro:
- Hola, detective. Siento haberle llamado tan apresuradamente, pero como comprenderá el asunto es de gran urgencia,
- No mienta, Goyle, no lo siente. Dígame, ¿qué ha ocurrido exactamente? El muerto lo estoy viendo, aunque no sé muy bien quién es,. Lo que realmente quiero es saber si hay testigos, sospechosos, motivos.
El sargento me mira, ligeramente molesto.
- Doyle. Mi apellido es Doyle. Ante nosotros se encuentra nada menos que Sir John Crawford, el dueño del acero de medio mundo y una de las fortunas más grandes del panorama internacional. Como habrá podido observar, no tuvo muchas oportunidades. Yo he contado casi veinte puñaladas, pero tiene el pecho tan destrozado que no sabría decirle. No hay sangre en el resto de la habitación, así que parece que murió aquí mismo. Tampoco he observado signos de lucha o forcejeo, todo parece ordenado excepto la mesa. Supongo que el forense podrá decirle más, pero no creo que haga falta autopsia para determinar la causa de la muerte. Lo encontró el mayordomo esta mañana, al traerle el desayuno. Parece que últimamente pasaba las noches trabajando.
- Qué ensañamiento. Debía tener muchos enemigos si era tan relevante internacionalmente. Imagino que todavía no tenemos idea de cuál ha podido ser el arma del crimen, ¿me equivoco?
-No hemos encontrado nada, pero a juzgar por las heridas tiene que haber sido un arma blanca de tamaño considerable, como un cuchillo de cocina grande. No sería raro encontrar uno así en la cocina de cualquier casa como esta.
- ¿Han comprobado si falta algún cuchillo en la cocina? O cualquier utensilio que pudiera infligir una herida como esta, en realidad. Hasta que sepamos con exactitud qué causó las heridas, cualquier pista es buena.
Te diriges hacia la mesa.
- ¿Alguien sabe si faltan documentos? Quizás el asesino se llevó algunos por el motivo que fuere.
- Aún no hemos tenido oportunidad de hablar con el servicio, a excepción del mayordomo, James. Quizás quiera preguntárselo usted mismo a algún trabajador de la cocina. En cuanto a los documentos, no parecen ser de mucha importancia para un chantaje o un robo, tan sólo hay citaciones de abogados para discutir sobre cesiones empresariales y cosas por el estilo, todas de parte de Sir Matthew Powers, que ha sido identificado por el mayordomo como socio de la víctima. Tal vez tengan problemas con la propiedad de la empresa.
- Supongo que no hay testigos ni nadie que viera entrar o salir a algún sospechoso. ¿Cuánta gente tiene acceso a la casa, además del servicio? Tengo que ponerme en contacto con el señor Powers. No se quede ahí parado, señor Boyle, ¿va a hablar usted con el personal o voy a tener que hacer yo su trabajo?
- Es Doyle. Y no se preocupe, interrogaré al servicio para comprobar si falta algún cuchillo, o si alguien ha podido observar algo sospechoso. En cuanto a las personas con acceso a la casa, parece que sir Crawford era bastante celoso de su intimidad. Las únicas personas que parecen tener un acceso asiduo a la casa son su mujer, Johanna, y su hermano Herbert, que viene de visita una vez por semana.
- Oh, y ¿dónde está la señora de la casa? Me encantaría hablar con ella.
- Por lo visto suele pasar bastante tiempo fuera de casa, pero el mayordomo dice que, aunque sale cada mañana muy temprano, suele regresar a mediodía. Por si le apetece esperarla.
- Por supuesto. Mientras, voy a hablar con el mayordomo.
Sales de la habitación en busca de James, que está en el pasillo, mirando por la ventana con aire distraído.
- Disculpe, señor. Me gustaría hacerle algunas preguntas acerca de lo ocurrido.
- Por supuesto, estoy a su disposición, detective.
- Veamos. ¿Notó algún comportamiento extraño por parte de Sir Crawford en los últimos días?
- Últimamente parecía bastante alterado, incluso cambió sus rutinas de sueño, algo bastante anormal en él. Le oía pasear por su despacho hasta que me retiraba, sobre la medianoche. Incluso me pedía que le llevara el desayuno a su despacho, lo cual me hace pensar que pasaba allí la noche.
- Comprendo. ¿Alguna idea sobre lo que pudo motivar ese cambio de conducta?
- En varias ocasiones le oí mencionar a Sir Powers, gritando, y algo relacionado con problemas de acciones. No podría decirle más, mi empleo requiere discreción en cuanto a ciertos detalles.
- ¿Eso quiere decir que no sabe si la empresa estaba atravesando problemas de alguna clase o que no me lo puede contar?
- Yo solo soy mayordomo, detective. Los detalles de los negocios de Sir Crawford no son de mi incumbencia.
- Entiendo. ¿Podría decirme entonces si vio a alguien salir o entrar de la casa anoche?
- No antes de que me retirara a mi habitación a medianoche, a excepción de la señora, claro está. No creo que pueda serle de más ayuda, detective. Lo siento mucho.

En ese momento aparece el forense acompañado de un policía. Te retiras para dejarles pasar a la habitación donde está el cadáver, y el mayordomo aprovecha para bajar las escaleras a toda prisa. Extrañado por su comportamiento, te planteas si sabe más de lo que parece.

domingo, 7 de junio de 2015