Llegas a la lujosa casa desde la que te han llamado porque requieren tus servicios. Más que una casa, se trata de una mansión que empieza en una verja negra, que es donde te deja el taxi. Desde allí tienes que caminar un buen trecho hasta la puerta, y recorres todo el camino pensando en la misteriosa llamada que te ha llevado hasta ahí. Es la primera vez que te enfrentas a un caso sin saber de antemano los detalles del suceso, pero parecía tan urgente que aceptaste sin pensarlo. Te sitúas frente a la puerta y llamas con decisión. Poco después, un hombre de avanzada edad abre la puerta con leve desconfianza. Supones por su indumentaria que se trata del mayordomo. Cuando habla, lo hace con un fuerte acento indio:
- Buenas tardes, ¿es usted el detective al que esperan?
- En efecto.
- Acompáñeme arriba.
Sigues al mayordomo a través del recibidor, observando el exagerado recubrimiento de las paredes. Cuadros, tapices, incluso trofeos de caza. Te resulta imposible fijar la vista en una sola cosa de entre todas las que ves a tu alrededor. Subís las escaleras y giráis a la derecha hacia una puerta cerrada que el mayordomo abre para ti. Cuando cruzas el umbral ves un enorme despacho tan lujoso como el resto de la casa. En las paredes hay decenas de fotos de un hombre con personas que parecen importantes o, al menos, igual de importantes que él. En el centro, delante de una gran cristalera, una enorme mesa de madera noble atestada de papeles desordenados. Y ante ella se encuentra lo que parece el motivo de tu visita: el mismo hombre que sale en las fotos, tendido boca arriba en medio de un gran charco de sangre, con múltiples puñaladas en el pecho. A su lado, el sargento Doyle observa el cuerpo con actitud pensativa. Al verte, se levanta con parsimonia y va a tu encuentro:
- Hola, detective. Siento haberle llamado tan apresuradamente, pero como comprenderá el asunto es de gran urgencia,
- No mienta, Goyle, no lo siente. Dígame, ¿qué ha ocurrido exactamente? El muerto lo estoy viendo, aunque no sé muy bien quién es,. Lo que realmente quiero es saber si hay testigos, sospechosos, motivos.
El sargento me mira, ligeramente molesto.
- Doyle. Mi apellido es Doyle. Ante nosotros se encuentra nada menos que Sir John Crawford, el dueño del acero de medio mundo y una de las fortunas más grandes del panorama internacional. Como habrá podido observar, no tuvo muchas oportunidades. Yo he contado casi veinte puñaladas, pero tiene el pecho tan destrozado que no sabría decirle. No hay sangre en el resto de la habitación, así que parece que murió aquí mismo. Tampoco he observado signos de lucha o forcejeo, todo parece ordenado excepto la mesa. Supongo que el forense podrá decirle más, pero no creo que haga falta autopsia para determinar la causa de la muerte. Lo encontró el mayordomo esta mañana, al traerle el desayuno. Parece que últimamente pasaba las noches trabajando.
- Qué ensañamiento. Debía tener muchos enemigos si era tan relevante internacionalmente. Imagino que todavía no tenemos idea de cuál ha podido ser el arma del crimen, ¿me equivoco?
-No hemos encontrado nada, pero a juzgar por las heridas tiene que haber sido un arma blanca de tamaño considerable, como un cuchillo de cocina grande. No sería raro encontrar uno así en la cocina de cualquier casa como esta.
- ¿Han comprobado si falta algún cuchillo en la cocina? O cualquier utensilio que pudiera infligir una herida como esta, en realidad. Hasta que sepamos con exactitud qué causó las heridas, cualquier pista es buena.
Te diriges hacia la mesa.
- ¿Alguien sabe si faltan documentos? Quizás el asesino se llevó algunos por el motivo que fuere.
- Aún no hemos tenido oportunidad de hablar con el servicio, a excepción del mayordomo, James. Quizás quiera preguntárselo usted mismo a algún trabajador de la cocina. En cuanto a los documentos, no parecen ser de mucha importancia para un chantaje o un robo, tan sólo hay citaciones de abogados para discutir sobre cesiones empresariales y cosas por el estilo, todas de parte de Sir Matthew Powers, que ha sido identificado por el mayordomo como socio de la víctima. Tal vez tengan problemas con la propiedad de la empresa.
- Supongo que no hay testigos ni nadie que viera entrar o salir a algún sospechoso. ¿Cuánta gente tiene acceso a la casa, además del servicio? Tengo que ponerme en contacto con el señor Powers. No se quede ahí parado, señor Boyle, ¿va a hablar usted con el personal o voy a tener que hacer yo su trabajo?
- Es Doyle. Y no se preocupe, interrogaré al servicio para comprobar si falta algún cuchillo, o si alguien ha podido observar algo sospechoso. En cuanto a las personas con acceso a la casa, parece que sir Crawford era bastante celoso de su intimidad. Las únicas personas que parecen tener un acceso asiduo a la casa son su mujer, Johanna, y su hermano Herbert, que viene de visita una vez por semana.
- Oh, y ¿dónde está la señora de la casa? Me encantaría hablar con ella.
- Por lo visto suele pasar bastante tiempo fuera de casa, pero el mayordomo dice que, aunque sale cada mañana muy temprano, suele regresar a mediodía. Por si le apetece esperarla.
- Por supuesto. Mientras, voy a hablar con el mayordomo.
Sales de la habitación en busca de James, que está en el pasillo, mirando por la ventana con aire distraído.
- Disculpe, señor. Me gustaría hacerle algunas preguntas acerca de lo ocurrido.
- Por supuesto, estoy a su disposición, detective.
- Veamos. ¿Notó algún comportamiento extraño por parte de Sir Crawford en los últimos días?
- Últimamente parecía bastante alterado, incluso cambió sus rutinas de sueño, algo bastante anormal en él. Le oía pasear por su despacho hasta que me retiraba, sobre la medianoche. Incluso me pedía que le llevara el desayuno a su despacho, lo cual me hace pensar que pasaba allí la noche.
- Comprendo. ¿Alguna idea sobre lo que pudo motivar ese cambio de conducta?
- En varias ocasiones le oí mencionar a Sir Powers, gritando, y algo relacionado con problemas de acciones. No podría decirle más, mi empleo requiere discreción en cuanto a ciertos detalles.
- ¿Eso quiere decir que no sabe si la empresa estaba atravesando problemas de alguna clase o que no me lo puede contar?
- Yo solo soy mayordomo, detective. Los detalles de los negocios de Sir Crawford no son de mi incumbencia.
- Entiendo. ¿Podría decirme entonces si vio a alguien salir o entrar de la casa anoche?
- No antes de que me retirara a mi habitación a medianoche, a excepción de la señora, claro está. No creo que pueda serle de más ayuda, detective. Lo siento mucho.
En ese momento aparece el forense acompañado de un policía. Te retiras para dejarles pasar a la habitación donde está el cadáver, y el mayordomo aprovecha para bajar las escaleras a toda prisa. Extrañado por su comportamiento, te planteas si sabe más de lo que parece.
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